El viernes llega el representante del demonio en la tierra.Pisa nuestro suelo la encarnación humana del imperialismo.
Mancilla la patria de Artigas el execrable genocida.
¡Fuera Bush! Gritan las masas enardecidas.
La izquierda uruguaya fiel a sus principios repudia al yanki.
Así lo expresan la central obrera, los estudiantes y el Frente Amplio.
Perdón, rebobinemos por favor.
¿Se imagina lo que habría ocurrido años atrás?
Bajo la presidencia de Batlle, Sanguinetti o Lacalle
la protesta habría sido masiva y por unanimidad.
Habríamos ido todos sin excepciones
a cuanta marcha, acto o manifestación se realizara.
Sería un pasito más en la necesaria acumulación.
Otra sesión de gimnasia política.
¿Qué pasa ahora? ¿Se "derechizó" el Frente?
Porque no nos van a hacer creer que Bush se volvió bueno.
Cambiaron muchas cosas.
Y no coincidimos con lo que dijo un conocido dirigente sindical:
"El único cambio es que el Frente está en el gobierno."
Como si ese hecho fuera una cosa menor.
Tenemos la conducción política de este país.
Y eso es un cambio enorme, que modifica las reglas de juego.
Nuestro gobierno dirige a la nación y no a un comité de base.
Debe aceptar determinados mecanismos,
aunque no nos gusten mucho.
Pero puede marcar el perfil histórico de la izquierda.
Lo hizo Tabaré el viernes en la plaza.
"Este es un gobierno anti-oligárquico y anti-imperialista"
Y hubo más de uno que quedó a la derecha del presidente.
Incluida la propia Mesa Política del Frente Amplio.
Pero tampoco la pavada de usar a Bush para la lucha interna.
Y de paso cañazo pasarle factura de los izquierdistas "puros",
con IVA y con COFIS, a los "neoliberales" frentistas.
La contradicción comercio o principios, es un falso dilema.
O al menos no se practica en toda su coherencia.
No le exigimos a Chávez que rompa con los gringos.
Ni condenamos las violaciones de los comunistas chinos.
Tampoco le decimos a Fidel que se banque el bloqueo.
Entonces dejemos de jugar a la mosqueta.
Miremos la realidad y sepamos ubicarnos.
Mr. Bush: nuestro gobierno lo recibe.
Pero nosotros los frentistas no le damos la bienvenida.
Nos vemos en la marcha.
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