jueves, 12 de abril de 2007

Ochocientos

Habría que filmar más cine en Montevideo.
Producción nacional, temas sobran.
Igual que Holywood lograríamos éxitos de taquilla.
El paso de las Termópilas está en 18 y Ejido.
La legión municipal custodia los derechos gremiales.
Un millón y medio de montevideanos convertidos en persas.
Somos el enemigo, por suerte existe el capitán Adeom.
No se asuste, no nos volvimos neoliberales.
Pero el corporativismo sindical realmente nos saturó.
Veníamos calientes desde el famoso juicio.
Ese juicio que nos hicieron a todos nosotros.
Porque la Intendencia no es algo abstracto.
No tiene una empresa multinacional que la financie.
La bancamos los habitantes de Montevideo.
Con la contribución, la patente y los impuestos de puerta.
Pero eso no tiene importancia.
Lo fundamental es la defensa a ultranza,
de los sagrados derechos de los trabajadores.
Y ahora esto.
El diez por ciento de los municipales tuvo un puntaje inaceptable en la evaluación del desempeño.
Seguro que es culpa de los jefes perseguidores.
¿El sindicato no debería velar por que
sus afiliados sean excelentes trabajadores?
Sobre todo en este caso que son funcionarios públicos.
De servidores públicos, ni hablamos.
Hace diecisiete años que gobernamos Montevideo.
¿Se acuerdan?
Ahora hablamos de Reforma del Estado y nos vino el julepe.
Porque parece que el paradigma es el gobierno municipal.
A juzgar por los resultados con los funcionarios,
más vale rumbear para otro lado.
Nos vino a la memoria aquella experiencia en el interior.
La oficina donde mandaban los casos perdidos.
No tenían funciones asignadas, sólo cumplían horario.
Así por lo menos no gastaban papel o teléfono.
Quizás es muy duro y violatorio de derechos laborales.
Capaz que es mejor darle licencia con goce de sueldo.
Licencia permanente, ¿vió?

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