jueves, 27 de septiembre de 2007

No es lo mismo aserrin que pan rallado

Son todos iguales.
No hay izquierda ni derecha.
La corrupción no tiene ideología.
Otra vez: son todos iguales.
La ofensiva mediática es brutal.
Se busca equiparar a los políticos.
De esa manera, se salvan unos cuantos.

Debemos reconocer algunas cosas.
Nos molesta el affaire Bengoa.
Nos jode el pleito Michelini-Mujica.
Nos duele el quincho interno en Maldonado.
Nos preocupa el lío de Fucvam y la CAP por Venezuela.
Nos calienta que Vera se autoproclame frentista.

Debemos reconocer algunas otras cosas.
No tenemos a Hugo Granucci en el directorio de OSE.
No es Antonio Marchesano el Ministro del Interior.
No ejerce José Luis Ovalle como Ministro de Transporte.
No se llama Ernesto Laguarda el secretario de Tabaré.
No está Salomón Noachas en el Banco Hipotecario.
No integra Milka Barbato la Corporación para el Desarrollo.
No hay un Daniel Cambón como asesor presidencial.
No es Roberto Asiain la promesa de renovación.
No preside el Banco de Seguros un tal Julio Grenno.

Debemos reconocer muchas otras cosas.
Que no somos santos impolutos, inmunes a la joda.
Que decirse de izquierda no es garantía de ser buena gente.
Pero hay diversas situaciones que no están claras.
Que no den un paso al costado los que hoy se cuestionan.
Que el rumor de: “yo no caigo solo” sea una buena defensa.
Que no se investigue a fondo y que caiga quien caiga.
Demostrar que no hay cangrejo…rojo, debajo de la piedra.
Hicimos bandera de la transparencia y se volvió principio.
No hipotecarlo es clave, se vuelve imprescindible.
Para mostrar a todos, que no somos lo mismo.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Ensayo sobre la ceguera


No se asombre si en el futuro próximo,
todas las imágenes aparecen así.
Personajes anónimos, gente sin rostro.
Todos taparemos las caras.
Se acabó la fotografía como arte.
Se eliminan las fotos de los medios.
En estos días nos enteramos del disparate.
Un señor hace juicio por esa foto de su niñez.
Argumentando su condición de menor de edad.
Hubo una abogada que vio el filón.
Hubo jueces que lo avalaron.
Hubo quien pagó en silencio.
Y comenzó el circo.
Ya hay dos nuevos juicios por la misma foto.
Esto hace acordar al relato de Rousseau:
“Un vivo cercó un campo y dijo esto es mío,
y hubo un bobo que le creyó.
Ahí nació la propiedad privada”
La libertad de prensa en nuestro país, sabemos,
tiene un largo camino por recorrer.
Pero ahora se le agrega un nuevo obstáculo.
¿Como aceptar callados este veredicto?
¿Cómo permanecer indiferentes a este atropello?
¿Cómo no protestar frente a esta barbaridad?
No sólo está en juego la libertad de expresión.
También se juega con el trabajo de muchos.
¿Quién va a querer sacar fotos desde ahora?
¿Se imaginan los posibles 8000 juicios de los hinchas,
fotografiados un domingo en la Ámsterdam?
Suena ridículo pero es una posibilidad.
Ya asistimos a la medicina judicalizada.
¿Será el nuevo curro la judicalización de la imagen?
Hay una ley de prensa en proceso.
Este fenómeno no puede quedar afuera.
Mientras tanto, no podemos transar con el chantaje.
No pueden dejar de funcionar los flashes.
No deben dejar de abrirse los obturadores.
No es posible que no enfoquen los teleobjetivos.
Esta pelea nos corresponde a todos.
Como en Fuenteovejuna.
Todos somos Nancy Urrutia.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Siete veces siete

No me importa que bajen los combustibles,
yo ando en bicicleta.
No me afecta que bajen las tarifas de Antel,
yo tengo celular.
No me interesa que baje los precios la UTE,
yo uso farol a mantilla.
No me toca que disminuya la cuota mutual,
yo me atiendo en Salud Pública.
No me preocupa que saquen un impuesto a las empresas públicas,
yo trabajo en el sector privado.
No me concierne que importen frutas y verduras,
yo como carne.
No me quema que le saquen el IVA a los pollos,
yo soy vegetariano.
Ya está, le dimos todas las posibles respuestas.
Ahora le damos una lista de los posibles autores.
Milton Wynant, Gustaf, el viejo Vizcacha, Nicolini,
Oscar Magurno, Hanibal Lecter y Monseñor Cotugno.
Lo que nos llama la atención es el silencio de la oposición.
Los blancos se quedaron en blanco.
Salvo el guapo que siempre tiene que decir algo.
¿Los colorados existen?
Estamos ansiosos por ver la reacción de la oposición interna.
Los que nos queda claro, es que el gobierno jugó fuerte.
No se mantuvo inmóvil y buscando excusas.
No se nombró la herencia maldita ni la coyuntura internacional.
Jugó como un equipo y largó siete taponazos.
Veremos quien gana el partido.
Pero a la inflación no se la vamos a hacer fácil.
Fue una semana optimista, la reacción se ve en la gente.
Tabaré habló poco, firme y claro. Habló bien.
Y no es poca cosa, que lo digamos nosotros.
Los eternos desconformes.
Vimos un grupo cohesionado metiendo pa´delante.
Casi como un cartel de obra:
“Disculpe las molestias, gobierno trabajando”

jueves, 6 de septiembre de 2007

La Constitución como consenso

Todo grupo humano se articula en torno a roles y reglas.
Estas últimas para tener vigencia,
deben contar con la aprobación común.
Al menos las básicas.
Tienen que concebirse desde una visión estratégica del país.
Pero reconociendo los Derechos Humanos,
que no quisiéramos perder bajo ninguna circunstancia.
Perdurables en el tiempo.
Nuestro país tiene una clara vocación táctica.
Mira las cosas a corto plazo.
Impulsa modificaciones coyunturales.
Promueve cambios circunstanciales.
Lanza reformas constitucionales.
¿Surgen intereses sectoriales, corporativos o partidarios?
La respuesta inmediata es reformar la Carta Magna.
La tradición de los últimos años lo muestra muy claro.
Reformas electorales, institucionales o presupuestales.
Todos quieren que su “chacra” figure en la Constitución.
Así se propuso porcentajes fijos para salud o educación.
Así se propone defender a los jubilados y sus ingresos.
Así se impulsaron mecanismos electorales a “medida”.
Si todos le ponemos lo que nos gusta o beneficia,
la Constitución se vuelve un engendro emparchado.
Se vuelve inoperante.
Como si armamos un auto con un motor de un Fiat 147,
carrocería de un camión Scania y el manillar de una bicicleta.
No funcionará.
La Constitución no debe ser producto de mayorías circunstanciales.
Que en el futuro bien pueden ser minorías.
Tiene que ser un acuerdo del colectivo social.
Pocas normas, perfectamente claras que marquen la cancha.
Normas perdurables, aceptadas por la gran mayoría.
Reglas básicas, definidas por consenso.
La Constitución no es un chicle.