jueves, 20 de septiembre de 2007

Ensayo sobre la ceguera


No se asombre si en el futuro próximo,
todas las imágenes aparecen así.
Personajes anónimos, gente sin rostro.
Todos taparemos las caras.
Se acabó la fotografía como arte.
Se eliminan las fotos de los medios.
En estos días nos enteramos del disparate.
Un señor hace juicio por esa foto de su niñez.
Argumentando su condición de menor de edad.
Hubo una abogada que vio el filón.
Hubo jueces que lo avalaron.
Hubo quien pagó en silencio.
Y comenzó el circo.
Ya hay dos nuevos juicios por la misma foto.
Esto hace acordar al relato de Rousseau:
“Un vivo cercó un campo y dijo esto es mío,
y hubo un bobo que le creyó.
Ahí nació la propiedad privada”
La libertad de prensa en nuestro país, sabemos,
tiene un largo camino por recorrer.
Pero ahora se le agrega un nuevo obstáculo.
¿Como aceptar callados este veredicto?
¿Cómo permanecer indiferentes a este atropello?
¿Cómo no protestar frente a esta barbaridad?
No sólo está en juego la libertad de expresión.
También se juega con el trabajo de muchos.
¿Quién va a querer sacar fotos desde ahora?
¿Se imaginan los posibles 8000 juicios de los hinchas,
fotografiados un domingo en la Ámsterdam?
Suena ridículo pero es una posibilidad.
Ya asistimos a la medicina judicalizada.
¿Será el nuevo curro la judicalización de la imagen?
Hay una ley de prensa en proceso.
Este fenómeno no puede quedar afuera.
Mientras tanto, no podemos transar con el chantaje.
No pueden dejar de funcionar los flashes.
No deben dejar de abrirse los obturadores.
No es posible que no enfoquen los teleobjetivos.
Esta pelea nos corresponde a todos.
Como en Fuenteovejuna.
Todos somos Nancy Urrutia.

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