Todo parece indicar que cual carrera de caballos en un hipódromo, se abrieron las gateras.A juzgar por lo que se lee y escucha, el país se debate en una ola de conflictos.
Los reclamos se suceden, los gremios protestan, los deudores se quejan.
Las paredes muestran los reclamos populares.
Los pasacalles expresan la miseria de los trabajadores.
Los informativos trasmiten la persecución de los funcionarios.
Las publicaciones muestran que todo sigue igual, sin cambios.
Aflojen con la pavada.
Qué pretenden, ¿la revolución en siete meses?
Es gracioso ver a deudores de setenta meses clamando justicia.
Es patético ver asambleas minúsculas definir paros por miles.
Es tragicómico que funcionarios corruptos reivindiquen sus fueros.
Es incomprensible que partidos de gobierno pinten su oposición.
Es raro que organizaciones sociales tomen distancia del proyecto colectivo.
Achiquen con el corporativismo.
O nos damos cuenta de que el bien común es lo principal.
O seguimos cada uno cuidando su chacrita.
O anteponemos la solidaridad social.
O acudimos al vetusto "sálvese quien pueda"
O cambiamos la actitud o nos desbarrancamos.
Tengamos escrúpulos.
Este gobierno no es la panacea.
Ni Tabaré es Dios ni Astori Jesucristo.
Y el Pepe tiene poco de San Pedro.
No prometimos el paraíso otorguesiano.
Acá los cambios se hacen con esfuerzo o no son.
La justicia se logra con el aporte masivo o es utópica.
El sacrificio es colectivo o el proyecto fracasa.
Miremos solidariamente al del costado.
Seguro que hay alguien más necesitado que uno.
Vergüenza nacional es la miseria.
Vergüenza personal es no aportar a erradicarla.
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