jueves, 15 de septiembre de 2005

Los milicos y los límites

Vivimos tiempo de sensibilidad a flor de piel.
Quién iba a imaginar que rudos guerreros se ofendan con tanta facilidad.
Es el colmo del disparate.
Una institución que tiene toneladas de trapos sucios escondidos,se enoja por una manchita en un mantel.
No vamos a hablar de si Bayardi estuvo bien o mal.
El militante frentista, el compañero Pepe se expreso libremente.
Claro, capaz que como subsecretario no fue políticamente correcto.
Pelotudeces.
No podemos aceptar que las fuerzas armadas hagan de este hecho una cuestión de honor.
El honor se demuestra de otra manera.
No tienen autoridad moral para ofuscarse por un epíteto mal utilizado.
Mientras no den la cara y aclaren los delitos de lesa humanidad que aún encubren.
No tienen las manos limpias.
Lo preocupante es la reacción política.
Que se le exija una aclaración pública al subsecretario.
Que la ministra de Defensa se tome vacaciones en este momento.
Que se nombre al comodín Brovetto como ministro interino de Defensa.
Que el presidente diga que lo sucedido no le costará el cargo a Bayardi.
Que los colorados no opinen mientras los blancos se siguen yendo para las cuchillas.
Da la impresión que estamos bailando a ritmo de banda militar.
Estos señores de uniforme se sienten con autoridad para poner condiciones.
Lo único que pueden poner es obediencia y silencio.
No pueden manifestarse públicamente.
No se pueden reunir a deliberar.
No pueden presionar a nadie.
No pueden clausurar otra vez a El Día, por un ingenioso aviso económico.
Los mensajes desde el poder deben ser claros.
Igual que los hijos adolescentes, los milicos precisan límites.
Están acostumbrados a eso.
Los educan para eso.
Hay que darles eso.
Tabaré para nosotros es el compañero presidente.
Para ellos es el Comandante en Jefe.
Sólo queda mandar.
Al botón de la botonera chim pum fuera
Y a otra historia.

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