En pocos días se cumplen quince meses de presidencia de Tabaré.Quizás vaya siendo hora del recambio ministerial.
El período que pasó fue sin duda el más difícil del gobierno.
Tuvieron que agarrar de una, sin anestesia, todo el aparato del Estado.
Tuvieron que enfrentarse a la inexperiencia propia y a la mala leche ajena.
Tuvieron que demostrar que el proyecto de izquierda era viable.
Pero también tuvieron que empezar a trabajar en equipo, y no fue fácil.
Porque todos queremos tener un cuadro de fútbol y una murga propia.
Los frentistas no escapamos a ese rasgo de nuestra idiosincrasia.
Tabaré, zorro viejo, metió a los principales dirigentes en el gabinete.
De líderes políticos pasaron a ser secretarios... de Estado.
Completó el equipo con gente de su confianza directa.
Cosa lógica, aunque no necesariamente compartida.
Pesó más la cuota política y el conocimiento personal
que la idoneidad para el cargo en muchos de los casos.
Pero ya está. Se logró el necesario disciplinamiento.
Quién pone en duda que las principales organizaciones respaldan al gobierno.
Se sienten parte intrínseca de él y trabajan para que salga adelante.
Ni los socialistas, la Vertiente, el MPP o Asamblea pasarían a la oposición,
si sus máximos dirigentes dejan de ser ministros.
¿No es acaso hora de preservar a los viejos sabios?
Más allá de voluntarismos, el reloj biológico no se detiene.
Hay casos de recambio natural con los propios subsecretarios.
Agazzi, Bayardi, Faroppa y Michelini son ejemplos concretos.
Que prime la capacidad técnica y humana más que el respaldo partidario.
Urgen cambios para consolidar el cambio.
Renovarse es vivir y para la izquierda es imprescindible.
Generemos espacios para las nuevas generaciones.
Apostar al relevo se vuelve relevante.


