jueves, 11 de mayo de 2006

Nos tomamos una con la polémica

Prohibido debatir.
Prohibido criticar.
Prohibido cuestionar.
Tenemos un país donde no se discute.
Hoy el debate central lo generó el gordo Tetes.
¿Con espuma o sin espuma?
Los católicos se enojan si critican al papa.
Los periodistas se ofenden si cuestionan su trabajo.
Los judíos se enojan si se les da espacio a los iraníes.
Los divos televisivos se irritan si no se les alcahuetea.
Los hamburgueseros son sensibles a la crítica.
Los dirigentes patean si se informa de sus organizaciones.
Los poderosos te hacen la cruz si habilitás a sus adversarios.
Los universitarios no son la excepción a la regla.
Recién ahora empieza a vislumbrarse un cambio.
Empiezan a notarse señales de que debatir es necesario.
La Universidad es demasiado importante para encerrarse.
Tiene un rol fundamental en el nuevo proyecto de país.
No puede ser autocomplaciente.
No tiene un emperador que la dirija.
Es un proyecto colectivo, social y dinámico.
O se vuelve lo que tenemos hoy:
Una mole que se retroalimenta y se niega a cambiar.
Una vaca sagrada y atada de la izquierda.
El debate empezó desde afuera.
Hay que hacerlo fecundo y profundo.
No puede ser una rampa para candidatearse.
Debe ser generador de un proyecto global.
Donde el nombre del rector sea secundario.
La educación es indispensable para el Uruguay del futuro.
No hay temas tabúes, no puede haberlos.
No corre más el "no darle armas a la derecha"
Todo se cuestiona, todo se discute, todo se transforma.
Con todos, sin dejar nadie afuera.
Puede haber calentura, irritación o enojo.
Puede haber posiciones diversas.
Puede haber muchas interpretaciones.
Lo que no puede haber, en este caso:
Es mutis por el claustro.

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