Somos fanáticos del cambio generacional.Apostamos a la participación de los jóvenes
Necesitamos el aporte de nuevas ideas.
Nos urge la contribución de otras cabezas.
Demandamos el recambio biológico.
Lo creemos imprescindible.
Lo intuimos en las Fuerzas Armadas.
Pensamos que allí estaba ocurriendo.
Le erramos como a las peras.
No fue garantía de cambio un general joven.
No fue sinónimo de renovación un joven aviador.
La historia y el corporativismo pesan más.
La disciplina de tantos años no es fácil de romper.
El dogma de décadas no se descarta rápidamente.
El espíritu de cuerpo juega y juega fuerte.
La ideología autoritaria marcó a fuego.
Los compromisos personales influyen.
Las ataduras a las logias obligan.
La camaradería de armas incide.
Creíamos contar con militares profesionales.
Pero encontramos simplemente milicos.
Fueron educados para obedecer.
Fueron formados para acatar.
Fueron instruidos para cumplir.
No saben de pensamiento crítico.
No entienden el cuestionar.
No se imaginan el discutir.
Se tragaron el cuento de salvar la patria.
Y lo siguen creyendo.
Se comieron el verso de defender la nación.
Y lo siguen pensando.
Los formaron en la lucha antisubversiva.
Los instruyeron en la guerra anticomunista.
Los convirtieron en antidemócratas.
Es más fuerte que ellos.
¿Es posible curar una estructura,
contaminada por el autoritarismo?
Vayan sabiendo que esa cabeza no funciona.
La democracia llegó para quedarse.
No tiene vuelta atrás ni cede un ápice.
Está en el ADN uruguayo.
Los militares tendrán que incorporarlo.
O pasar tranquilos a cuarteles de invierno.
Queda el relevo como problema.
¿Quién? ¿De dónde?
La respuesta tendrán que darla otros.
Generaciones libres.
Sin degeneraciones.
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