jueves, 14 de junio de 2007

Deshonestidad frentista

Estamos empezando a cansarnos.
Está bien que se marquen diferencias.
Es comprensible que se discutan posturas.
Es natural que se dé el debate ideológico.
Es normal que se cambie de partido.
Pero las cosas están pasando de castaño oscuro.
Porque la mano viene de acusaciones graves.
Acá se está hablando de venganza y extorsión.
Se dice que hay estafa y deudas impagas.
Se está cuestionando la ética de compañeros.
Y lo peor es que se trata de legisladores.
De dirigentes políticos que deberían dar ejemplo.
Se supone que somos diferentes a los otros.
Lindo ejemplo estamos dando.
Que no nos asombre que digan: “son todos iguales”
Nos bancamos la lucha fraticida de Maldonado,
mientras no se demuestre alguna joda.
Nos fumamos algunos nombramientos inexplicables.
Nos aguantamos conductas personalistas.
Nos tragamos la soberbia de algunos jerarcas.
“Lo importante es el proyecto común”, pensamos.
“Estamos aprendiendo a gobernar”, dijimos.
“Quien hace se equivoca”, afirmamos.
Pero la situación planteada ahora es indefendible:
el quincho entre Rafael Michelini y Gonzalo Mujica.
Acá hay alguien que miente. Y miente por plata.
Se remató la dignidad en cuarenta mil dólares.
Si esto no es corrupción, ¿qué carajo es?
Lo único que queremos es que se aclare el embrollo.
Que el irresponsable asuma su culpa.
Que no se barra la basura debajo de la alfombra.
Ya veremos que hacer, ya sabremos que hacer.
Porque aceptamos cualquier diferencia o discrepancia.
Pero la honradez no tiene dos lecturas.
La honorabilidad no se compra con votos.
Y seguimos creyendo que el Frente, nuestro Frente.
Es la unión de los orientales honestos.

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