jueves, 25 de octubre de 2007

¡A mí no!

Se alborotó el avispero.
A reclamar, a reclamar,
el Estado tiene que pagar.
Sopa de letras sindical.
Adeomcofeaebufenapes.
Nadie quiere perder nada.
No me descuenten el IRPF.
Compensar el seguro de salud.
No me evalúen, no me exijan,
no me controlen, no me pidan.
¡Igual salario a igual trabajo!
Y a igual sebo: ¿igual descuento?
Cobramos, nos fuimos y nos fundimos.
¡Reintegro sin concurso ya!
Todo el mundo quiere mamar
de la enorme teta estatal.
Hablemos claro.
¿El gobierno tiene un barril sin fondo?
¿La guita es inagotable?
¿Acaso la olla de oro del arco iris
está en el Banco Central?
Los grupos que se hacen oír
no son los que están peor.
Son los que tienen mejor lobby.
Se está confundiendo
independencia de clase con corporación.
La vieja mentalidad economicista,
aflora en el funcionariado público.
Quiero la mía, los demás me importan un pito.
El alud de los conflictos es a nivel estatal.
Al mismo tiempo exijo más,
mucho más para el gasto social.
Generar laburo, repartir tierras,
seis por ciento a la educación,
mejor salud, hacer carreteras.
Atender las urgencias, combatir la pobreza.
Discurso contradictorio, si lo hay.
Hagan, pero no con mi plata.
Recapaciten compañeros, recapaciten.
Como bien dijo el Pepe,
hay que tener claridad en el balero.
“Un gremio no puede meter al pueblo en cana”

jueves, 18 de octubre de 2007

Menos huevo que flan de boliche

Gran festejo Gran.
Suponemos.
Anoche en el Vaticano.
También en las clínicas clandestinas.
Entre los revendedores de misoprostol.
En los grupos de misóginos.
Y en las sectas católicas fundamentalistas.
Ayer el Senado le dio otro bofetón a la ciudadanía.
Con cinco mujeres en treinta y un miembros,
era predecible el resultado.
De los patricios creyentes y patriotas,
no se podía esperar otra cosa.
Lo que duele son los otros.
Lo jodido es la hipocresía demostrada.
Lo que molesta es el doble discurso.
El que viaja para zafar.
El que sale de sala para no quemarse.
El que cambia su postura histórica.
El que se somete temeroso,
al síndrome “Yo el Supremo”
El ignorar olímpicamente a la mayoría.
¿O en esto no valen las encuestas?
La cuestión es qué hacer de aquí en más.
¿Seguiremos tapando el sol con un dedo?
¿No se dará la oportunidad a que la gente decida?
¿Aceptaremos la inequidad reproductiva?
A que aborte bien el que tiene más
y aborte mal el que tiene menos.
¿En esto no impulsamos el cambio cultural?
Menos mal que somos una sociedad laica.
A diferencia de Portugal o Ciudad de México.
Hay veces que se nos ve el subdesarrollo democrático.
La chatura mental y la pacatería.
El derecho a elegir no puede limitarse.
La libertad individual no se define por capricho de nadie.
Ni Papa, ni rey, ni presidente.

jueves, 11 de octubre de 2007

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jueves, 4 de octubre de 2007

Pecado capital: Morder la mano que te da de comer

Hagamos memoria.
¿Quiénes fueron los mayores defensores de la libre competencia?
¿Quiénes fueron los enemigos acérrimos de los monopolios
estatales?
¿Quiénes fueron los abanderados de la libertad de empresa?
¿Les suena Ramón Díaz?
¿Trabajó en Búsqueda no?

Hoy por suerte tenemos Entes que compiten.
Banco de Seguros, Ancap, Antel y el BROU.
Mejoraron su gestión y lideran sus mercados.
Son empresas del Estado, de todos nosotros.
Si les va bien es bueno para el país.
No debe tomarse como mérito partidario.
Ni caerles para sacar rédito político sectorial.
Más allá de quién sea el que gobierne
¿Se logrará tener políticas de Estado en los Entes?

Ahora bien, ¿cuáles son las reglas de juego?
Las empresas estatales tienen que competir,
pero las reglas para los privados son otras.
Saquémonos la careta y seamos francos.
El mundo ideal donde las empresas anuncian
en medios que las critican, es una fantasía.
Los medios que le dan por la cabeza a sus avisadores,
es un sueño que no se ha convertido en realidad.
Debería funcionar así, pero no es así.
En la sociedad que vivimos pesa más,
la libertad de empresa que la libertad de prensa.
Y empresas son los medios de comunicación ¿o no?
Los periodistas son empleados de esas empresas.
No son seres puros, incontaminados y libres.
Aunque los dueños pretendan de eso convencerlos.
Dueños que se presentan como discriminados.
Con encendidos editoriales condenando doctrinas.
No es creíble.
Ya lo demostramos con cifras.
Aflojen las consignas y debatan en serio.
Discutamos a fondo la libertad de prensa.