jueves, 18 de octubre de 2007

Menos huevo que flan de boliche

Gran festejo Gran.
Suponemos.
Anoche en el Vaticano.
También en las clínicas clandestinas.
Entre los revendedores de misoprostol.
En los grupos de misóginos.
Y en las sectas católicas fundamentalistas.
Ayer el Senado le dio otro bofetón a la ciudadanía.
Con cinco mujeres en treinta y un miembros,
era predecible el resultado.
De los patricios creyentes y patriotas,
no se podía esperar otra cosa.
Lo que duele son los otros.
Lo jodido es la hipocresía demostrada.
Lo que molesta es el doble discurso.
El que viaja para zafar.
El que sale de sala para no quemarse.
El que cambia su postura histórica.
El que se somete temeroso,
al síndrome “Yo el Supremo”
El ignorar olímpicamente a la mayoría.
¿O en esto no valen las encuestas?
La cuestión es qué hacer de aquí en más.
¿Seguiremos tapando el sol con un dedo?
¿No se dará la oportunidad a que la gente decida?
¿Aceptaremos la inequidad reproductiva?
A que aborte bien el que tiene más
y aborte mal el que tiene menos.
¿En esto no impulsamos el cambio cultural?
Menos mal que somos una sociedad laica.
A diferencia de Portugal o Ciudad de México.
Hay veces que se nos ve el subdesarrollo democrático.
La chatura mental y la pacatería.
El derecho a elegir no puede limitarse.
La libertad individual no se define por capricho de nadie.
Ni Papa, ni rey, ni presidente.

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