El Frente obtuvo el 50% de los votos en el 2004.La mitad de la población apoyó a nuestra fuerza.
La mitad de todos los uruguayos.
De los hombres y las mujeres.
De los jóvenes y los viejos.
De los policías y los ladrones.
De los civiles y los militares.
De los consecuentes y los oportunistas
De los honestos y los corruptos.
De todo como en botica.
Hicimos política de alianzas.
Nos abrazamos con culebras.
Nos tragamos sapos.
La tarea más revolucionaria era ganar el gobierno.
Y llegamos, con nuestra propuesta de cambio.
Fue bandera principal la honestidad y la transparencia.
Fue señal de identidad la lucha contra la corrupción.
Éramos diferentes a los otros.
Seguimos creyendo que somos diferentes.
En los últimos tiempos arrecian las denuncias.
Nicolini, Bengoa, De los Santos, Gonzalo Mujica y Michelini.
Y ahora Gonzalo Nin Novoa,
hermano y secretario del vicepresidente.
¿Estamos frente a operaciones políticas?
¿Hay una conjura de la derecha para enchastrarnos?
¿Son tiros por elevación contra posibles candidatos?
¿Se trata de ajustes de cuentas internos?
¿Hay una rosca frentista?
No lo sabemos a ciencia cierta.
Lo que sí sabemos es que no actuamos de la manera correcta.
Aducir el fallo de la justicia como exculpante, suena a excusa.
¿O acaso no hubo políticos corruptos
que nunca fueron procesados?
La justicia y la ética no siempre tienen los mismos resultados.
No impulsamos linchamientos,
pero tampoco defensas incondicionales.
No nos gustan algunas juntas, eran y siguen siendo “malas juntas”.
No podemos dejar ningún resquicio para la sospecha.
Hay que actuar con firmeza y rapidez, cortando por lo sano.
Si nos equivocamos, sabremos reconocerlo y corregirlo.
Lo que no podemos es dejar dudas, nuestras y de muchos.
Lo que no podemos permitir es que digan “son todos iguales”
Se nos va en eso la vida del proyecto.
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