No vamos a hablar del “eje del mal” ysus malévolas intenciones partidarias .
No vamos a mencionar multinacionales portuarias
comprando favores mediáticos con avisos y viajes.
No vamos a nombrar a canales y radios que bombean
publicaciones políticas o polémicas.
No vamos a citar a medios que no se meten
con la tele, con empresas o posibles clientes.
Hoy no nos metemos con competidores o adversarios.
Vamos a mirar izquierda adentro.
No nos gusta que la prensa “compañera” censure.
Nos consta el rechazo de artículos por intereses comerciales.
Sabemos de notas a pedido por algún potencial anunciante.
Oímos de procedimientos “cuasi extorsivos” para no publicar algo.
Nos rechinan las “aclaraciones necesarias” por alguna columna.
Nos rompe que se ningunee a determinadas posturas.
Y más aún, que se intente lanzar al estrellato a otras.
Pero lo que más jode es la reacción de la dirigencia política.
Midiendo milimétricamente los espacios brindados.
Acusando de tomar postura por dar lugar a alguno.
Buscando protagonismo a como de manera.
Intentando callar posturas disidentes con comentarios ácidos.
El debe de la izquierda en comunicación es grande.
No sólo por la falta de cambios en leyes o criterios.
Es enorme porque no ha cambiado la cabeza.
Mantiene los parámetros de siempre y no da la pelea.
Mucho menos ahora que se acercan elecciones:
“No es momento político ni conviene meterse”.
Nunca fue ni será buena compañera de viaje,
la vieja y conocida autocensura impuesta.
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