Otra vez el carnaval es fuente de inspiración.Parece que en cada febrero se revolucionan las neuronas.
Nuevamente las cabezas jóvenes nos mueven el piso.
Imberbes murgueros nos sacuden de nuevo los esquemas.
Versos "mojigatos" que nos dejan pensando.
País de ancianos sabihondos.
País de sabios gerontes.
País de viejos a temprana edad.
País de temprana edad sin jóvenes.
La idiosincrasia nativa es "yala".
Ya-la viví, ya-la sé, ya-la hice,
Ya-la conozco, ya-la sufrí, ya-la disfruté.
Mi autoridad emana del "yala"... y no cesa...
Parece mentira que la renovación mental surja en un cuplé.
Parece joda que la transformación cerebral se exprese en un salpicón.
Parece broma que el cambio intelectual tome forma de potpurrí.
¿No es hora de asumir la realidad?
Nos resistimos instintivamente al cambio.
Cambiemos pero no tanto.
Y no cambiemos nada si me toca a mí.
A mi status, a mi poder, a mis prebendas.
A mi rutina, a mis costumbres o a mi situación privilegiada.
La lucha generacional es inevitable.
Los sexagenarios trancan a los de cincuenta.
Los cincuentones se anteponen a los cuarenta y pico.
Los cuarentones le cierran el paso a los treintañeros.
Los de veinte se van resignados para el hemisferio norte.
El cambio no se identifica muy bien con tercera edad.
La renovación no tiene cara de adulto mayor.
Pero lo peor de todo es la vejez mental.
Aquellos que más allá del calendario consideran que... "yala".
Aquellos que más allá de las experiencias piensan que..."yala".
Aquellos que más allá de sus ideas asumen que... "yala".
A todos ellos, el mensaje mojigato:
"Qué hacer, valor, si el tiempo se nos va".
A todos los otros: clemencia para los "yala".
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