El lunes sentimos vergüenza.Recordamos los flashes informativos de Corea,
cuando los parlamentarios se vuelven boxeadores.
Seguramente la plaza Independencia recorrió el mundo.
Estaba cantado, "Crónica TV" se hizo una fiesta.
Primero uruguayos a las piñas, entre nosotros.
Después doscientos valientes orientales,
enfrentaron a siete cobardes argentinos.
El martes sentimos bronca
por los comentarios justificadores.
"Fue una provocación, ¿qué se creen estos porteños?"
Porque vimos aflorar al enano fascista
que creíamos era monopolio de la otra orilla.
Vimos la mentalidad de barra brava.
Se evidenció un nacionalismo desnorteado.
El miércoles sentimos temor.
Porque siendo gobierno fuimos incapaces.
No preservamos el derecho al libre pataleo.
No hicimos respetar la libertad de una minoría.
No demostramos que esto es una democracia plena.
No supimos poner límite a la prepotencia.
Nos hicimos los distraídos y permitimos el atropello.
Hoy jueves sentimos que hay que cambiar la pisada.
Dejémonos de boludeces y actitudes soberbias.
La única solución es el dialogo.
Sin excusas de piquetes o puentes cortados.
Los vietnamitas negociaban con los yanquis
mientras Hanoi estaba siendo bombardeado.
Árabes y judíos negocian en plena guerra.
La dignidad uruguaya no disminuye por el diálogo.
Al contrario, se agranda.
La política internacional no se lleva por caprichos.
No es Salus versus Villavicencio.
Se trata de orientales y argentinos.
Distintos pero hermanos.
Con discrepancias, pero enemigos nunca.
Ya basta de orgullo estúpido.
Es hora de resolver esto directamente.
Es hora de que hablen los presidentes.
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