Hace siete días agradecíamos contentos.No habernos metido con el tratado con los gringos.
Conjuramos a los brujos, porque hoy no queda otra.
Lo que pasó es demasiado importante.
No podemos disimular y mirar para otro lado.
No vamos a opinar sobre el acuerdo ni en como se llame.
¿Quién carajo sabe algo del pacto en cuestión?
Porque a decir verdad se habla mucho suponiendo lo que es.
Porque no nos han dicho claramente, "estamos negociando esto".
El tratado con los yanquis es un gran misterio.
A diferencia de otras propuestas que se tiraron arriba de la mesa.
La reforma tributaria o el Plan Nacional de Salud por ejemplo.
En este caso la mayoría toca de oído, sin conocimiento de causa.
El maniqueísmo es total.
Si decís sí, sos de derecha y abandonaste los principios.
Si decís no, sos un dogmático que vive en el pasado.
Ideología, pragmatismo, entreguistas, fundamentalistas, ¡socorro!
La fuerza política quiere decidir. El gobierno quiere decidir.
Ahora es causa nacional y todos tienen que decidir.
¿No sería interesante analizar de qué corno estamos hablando?
Porque da la impresión que no hablamos de lo mismo.
El tratado se parece a la torre de Babel.
Vamos a terminar todos hablando diferentes idiomas.
Pero la cuestión central para nosotros no es ésta.
Nuevamente el problema es la comunicación.
El discurso del presidente analiza pero no informa.
Es tan amplio que todos lo pueden tomar como un respaldo a su postura.
Léalo detenidamente en la pagina ocho y después nos cuenta.
Pero lo bravo de todo esto es el curso que ha tomado.
De equilibrado estadista pasó a hincha caliente con su cuadro.
Y como es el dueño de la pelota ordena como jugar.
No sabíamos que la homeostasis* se logra con electroshock.
El comunicado de la presidencia es tétrico.
¿Quién lo asesora? ¿El enemigo?
Las reacciones de la oposición son "pardaflorescas"
Carecen de relevancia. Solo cabe ignorarlas.
Para nosotros está clarísimo.
No es dictadura, es torpeza.
*Tendencia al equilibrio o estabilidad de las distintas constantes fisiológicas en un ser vivo.
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