jueves, 31 de agosto de 2006

Yo kiero dormir con mama

No acaban de extinguirse las llamas de la interpelación por el TLC,
No se ha terminado la discusión sobre la Reforma Tributaria,
No se para de dar manija con el mentado Debate Educativo
No se sabe demasiado en qué anda el Plan Nacional de Salud,
Sigue pendiente decidir que hacer con la Defensa Nacional,
Cuando se viene la gran batalla anunciada con bombos y platillos:
LA REFORMA DEL ESTADO.
Cualquier observador avezado diría que es difícil chiflar y comer gofio.
No hay malabarista que sostenga tantas pelotas en el aire simultáneamente.
Descartamos desde ya que sea una estrategia mediática para desviar la atención.
Lo decimos antes que salga Jorge acusando de esto al gobierno.
Estamos seguros que no, no embromen con eso.
No es la táctica de pegarnos una patada para que nos olvidemos del dolor de muelas.
De cualquier manera, todavía mucho no se sabe.
El gobierno anunció que en quince días se devela la incógnita.
Lo interesante de todo esto es cómo empiezan a operar algunos actores políticos.
De entrada nomás, asimilan reforma del Estado con privatizaciones y dale que va.
"Vieron, vieron" "Durante años se opusieron y ahora en el gobierno cambian todo"
"Votaron a todo que no y ahora quieren hacer lo que nosotros decíamos"
Los aullidos y recriminaciones son un coro gigantesco.
Pobres, no entienden. La reforma del Estado es mucho más grande que eso.
Es una verdadera revolución cultural, o no es nada.
No se trata solamente de asociar empresas públicas con privadas.
No se trata sólo de lograr eficiencia y buena administración.
No se trata únicamente de que tengan una gestión transparente.
Se apunta mucho más allá. Es un cambio de mentalidad profundo.
Y ese cambio no empieza y termina con los funcionarios públicos.
Es global o no se produce modificación alguna.
Es crear un país diferente, sin la mentalidad de chupar la teta del Estado.
Donde no se anoten 30000 personas para 352 puestos en bancos oficiales.
Donde no se inscriban 1500 aspirantes a los 30 cargos de inspectores de ministerio.
Donde no se sabe cuántos miles hicieron colas para ser limpiadores de un ente.
Donde no se llene un estadio para pelear un lugar de basurero en la intendencia.
La mentalidad reinante es que el cargo público es seguro.
Es un embole, pero laburás poquito y además es seguro.
La reforma del Estado debería empezar con una lobotomía colectiva.
Solo así lograríamos escuchar algún día: ¿Empleo público? No gracias.
¡Destétense uruguayos destétense!

Se acabó el espacio, la seguimos el jueves que viene.

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