jueves, 26 de octubre de 2006

Somos gobierno, ¡carajo!

No sé cómo vivió usted la conmoción de estos días.
Nosotros la vivimos profundamente.
Llamadas, correos electrónicos, rumores y noticias.
Interpretaciones, análisis, explicaciones y elucubraciones.
Con lo del comandante estuvo salado ¿no?
El presidente desde el Polonio bajó la caña.
Y no fue precisamente la de pescar.
Chau Díaz y bienvenido Rosales.
La duda que queda ahora es qué van a hacer los desplazados.
De acuerdo a sus códigos de honor pedirán pase a retiro.
¿O no son tan honorables como pensamos?
Aires nuevos comienzan a respirarse en el ejército.
Por fin un tipo de cincuenta y poco en una jerarquía.
¿Seguirá la renovación en otras áreas? ¡Ojalá!

Se sublevan los patrones y para el transporte.
Más de un compañero nos susurra:
"Esto se arregla con tres o cuatro camiones incendiados".
Como en los conflictos de otras épocas.
A veces no entendemos dónde estamos parados.
Cambiaron las reglas del juego.
Cambiaron las correlaciones de fuerza.
Ahora alcanza con ajustarse a la ley.
Al conflicto salvaje se le responde con servicio esencial.
Del resto se encargan los coraceros, ¿compañeros coraceros?
Y que el que nunca perdió una huelga vocifere,
defendiendo derechos gremiales trasnochados.

En cinco días se cumplen dos años
De aquel maravilloso treinta y uno.
Volvimos a sentir el orgullo frentista.
Rescatamos sin vergüenza, al compañero presidente.
Sentimos que no corre el "vale todo" de los contrarios.
Que se manda parar cuando hay que parar.
Sin atropellos ni autoritarismos, así, naturalmente.
Con la certeza del derecho adquirido y la conciencia limpia.
Esta semana sentimos afirmar el cambio.
En eso estamos, que no quepan dudas.
Juntémonos el martes, llenemos la explanada.

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